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El AUTOR es geólogo y político. Reside en Santo Domingo
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Este es el país de la desinformación, donde
siempre se juega a la ignorancia de una parte importante de la
población, donde se juega al analfabetismo de casi un 20% de la
población, donde el 88% de las escuelas públicas y privadas no alcanza
el 70% de aprobación
Los 10 recientes temblores de tierra de magnitud superior a 4.2
Richter, ocurridos en las vecindades de San José de Ocoa, en las
vecindades dela isla Saona y en la zona sur de Río San Juan, han
provocado un extraordinario pánico en una población dominicana carente
de la debida información oficial, pero que ha estado muy preocupada
desde que el día 12 de enero de 2010 un sismo de magnitud 7.0 Richter
mató 300 mil personas en la vecina ciudad de Puerto Príncipe, en el
suroeste de nuestra isla Hispaniola. “Y nadie había asustado a Puerto
Príncipe”.
Pero todo el que ha tenido la oportunidad de viajar a Puerto
Príncipe, luego del 12 de enero de 2010, ha podido ver que las 300 mil
viviendas colapsadas, los 40 mil comercios destruidos y las 5 mil
escuelas aplastadas, incluyendo el palacio de gobierno, la catedral, el
palacio de justicia, el hotel Montana, los bancos y los edificios de
oficinas de las empresas de ingeniería, estaban todos sobre suelos
arcillosos y arenosos de mal comportamiento sísmico, y que todas las
viviendas de muy mala calidad, construidas sobre la roca caliza de buena
calidad, se quedaron de pie, y no sufrieron ni grietas, pues tal y como
dice el Evangelio de Mateo, 7:24-27, el hombre prudente construye sobre
roca y el hombre insensato construye sobre arena.
De inmediato, muchos constructores dominicanos se apresuraron a decir
que la tragedia de Puerto Príncipe era fruto de la ausencia de códigos
de construcción, de la falta de varillas de acero y del uso de concreto
de mala calidad, sin embargo, la inspección de los escombros demostraba
todo lo contrario, y era evidente que la tragedia estaba en la
inobservancia de que los suelos arcillosos y arenosos amplifican el
espectro sísmico y hacen colapsar las estructuras levantadas sin el
debido rigor sismo resistente, porque fueron edificaciones levantadas
para trabajar bajo condiciones estáticas, pero que fallaron por efectos
cortantes al entrar en un inesperado régimen dinámico, tal y como
ocurrió en el pasado colonial con las ciudades de Santiago y La vega,
las que fueron totalmente destruidas por los sismos de la zona norte.
La más importante lección del terremoto de Puerto Príncipe esque
todas las edificaciones fallaron por efectos cortantes en las columnas,
lo que provocó el colapso vertical de las edificaciones y provocó que
las losas de techo aplastaran a las personas que estaban bajo techo.
Fue evidente que en muchos casos las losas de techo cayeronsobre
objetos grandes y fuertes y dejaron un espacio hueco a su
alrededor,permitiendo que algunas personas que se encontraban en ese
espacio huecosobrevivieran al colapso. Ese espacio hueco es denominado
triángulo de vacío, otriangulo de vida, porque en muchos terremotos ha
salvado muchas vidas.
Pero el pánico producido por los recientes temblores de tierra en la
República Dominicana ha llevado a los medios de comunicación a buscar
información sobre la sismicidad de la isla Hispaniola, sobre lo que se
debe esperar en el futuro cercano, y a preguntar qué hacer antes,
durante y después de un sismo, lo que ha hecho aflorar discrepancias
profundas entre lo que puede pasar en ciudades como Santiago y el Cibao,
y dónde debe ubicarse la gente al momento de un terremoto.
Es lamentable escuchar a experimentados ingenieros constructores
santiagueros decir que en caso de un gran sismo cercano a la ciudad de
Santiago allí no ha de pasar nada porque los edificios de Santiago están
preparados para soportar un sismo de 8.0 en la escala de Richter,
olvidando que el viaducto de Hanshin, en Kobe, Japón, reforzado con
suficiente acero para soportar un sismo de magnitud 8.2, colapsó en 1995
con un sismo de 7.3, es decir, un sismo 10 veces menor que el esperado,
y todo porque la aceleración del suelo arcilloso fue el doble de la
aceleración de diseño. Y eso que Japón es un país muy bien preparado
para los eventos sísmicos, donde se respetan las rigurosas normas de
construcción con sismo resistencia, mientras en la Rep. Dominicana
cualquiera hace lo que quiere, donde quiere y como quiere.
Los ingenieros santiagueros que así opinan, hablan como constructores
que cuidan su nombre frente a sus obras y frente a sus clientes, pero
saben muy bien que un sismo de 8.0 Richter dejaría tierra arrasada en
Santiago, como en el pasado colonial, y en lugar de ellos sumarse a los
esfuerzos para crear conciencia sobre la vulnerabilidad de las obras
levantadas sobre suelos flexibles, y hacer un llamado al reforzamiento
de las estructuras vulnerables a sismos, salen a atacarnos, al igual que
algunos periodistas indolentes, diciendo que estamos asustando a la
gente, como si nosotros fuéramos los responsables de los temblores de
tierra, y fuéramos los responsables de las malas decisiones ingenieriles
que ponen en peligro a la población del Cibao.
Algún periodista o ingeniero podría decir que el terremoto de Puerto
Príncipe mató a unas 300 mil personas porque algún geólogo estuvo
asustando a la gente. Creemos que no. Y muy por el contrario, si algún
geólogo haitiano hubiese estado advirtiendo frecuentemente de la
posibilidad de un sismo mayor, entonces la gente se hubiese preparado y
la tragedia hubiese sido menor.
También es lamentable escuchar a las autoridades del Centro de
Operaciones de Emergencias (COE) incurrir en dos graves errores: el
primero de ellos decir que en caso de un sismo la gente debe colocarse
debajo de una mesa (Eso ayuda a que la gente quede aplastada), y el
segundo error es decir que solamente ellos tienen autoridad y calidad
para informar a la población sobre los fenómenos naturales, como si
estuviésemos viviendo la dictadura de la Erade Trujillo, donde muchos
guardias hacían lo que querían, incluyendo leer al revés, por no saber
leer.
El pueblo dominicano recuerda muy bien que el 22 de septiembrede
1998, cuando se acercaba el huracán Georges, fue el Director de la
Defensa Civil quien dijo públicamente que el huracán no vendría al país,
mientras todos decíamos que era inminente el paso del huracán por el
centro del territorio dominicano, y cuando el huracán penetró al país, y
provocó estragos, el Directorde la Defensa Civil admitió haber mentido
para que la gente no ocupara los refugios. En la Mesopotamia murieron
185 personas y al Director de la Defensa Civil no se le destituyó, lo
que indica que habló y actuó por órdenes superiores del gobierno. Y nada
pasó.
El pueblo dominicano recuerda muy bien que el 28 de octubre de 2007,
cuando entró la tormenta Noel por la región Suroeste de la
Rep.Dominicana, las autoridades de socorro no estaban de servicio y la
tormenta rápidamente se extendió desde Barahona a Ocoa, a Bonao, a
Cotuí y a todo el Bajo Yuna, sin que el pueblo fuese enterado
anticipadamente de lo que se acercaba, y la destrucción fue
extraordinaria en viviendas, carreteras, puentes y en las centrales
hidroeléctricas de Jigüey y Aguacate, incluyendo unas cien muertes cerca
de Villa Altagracia. Y nada pasó.
El pueblo dominicano recuerda muy bien que el 11 de diciembre de
2007, cuando entró la tormenta Olga por la región Este de la Rep.
Dominicana, advertimos durante 10 horas, a través de la emisora Zeta
101, que esa tormenta descargaría muchas lluvias sobre la presa de
Tavera, y que como la presa de Tavera estaba en la cota 325 msnm, es
decir, 5 metros por encima de lo establecido por el protocolo de
operación del complejo Tavera-Bao-López-Angostura, era necesario
proceder a evacuar temprano a la gente de Bella Vista y Rafey, en
Santiago, y proceder a abrir gradualmente las compuertas de la presa,
porque de lo contrario a media noche tendrían que abrir súbitamente las
compuertas, inundarían a Santiago y matarían a la gente.
Ante nuestras advertencias públicas, las autoridades de socorro, las
autoridades del INDRHI, y las autoridades de la EGEHID llamaron a la
Zeta101 para decir que estábamos asustando, que todo estaba normal y
bajo control en la presa de Tavera y que no había nada de qué
preocuparse, pero a media noche, cuando entró la crecida pico, el nivel
de la presa subió, los operadores abrieron de golpe las seis compuertas
de la presa, inundaron a Santiago, mataron 300 personas, y nadie fue
destituido por ignorancia, ni sometido a la justicia por negligencia,
como ocurre en otros países.
El contraste entre la información científica y la desinformación
oficial es la razón por la cual las autoridades del COE no quieren que
los especialistas opinen sobre estos temas, porque si ningún
especialista opina sobre lo que puede pasar, ellos pueden justificar sus
graves errores y su desconocimiento científico, diciendo que son
eventos incontrolables de la naturaleza, además de que esos eventos le
permiten al presidente de la República presentarse como un socorrista
que llega cargado de mosquiteros, colchonetas, comida caliente, y 5 mil
pesos para cada familia damnificada que ahora verá al Presidente como su
protector y salvador, como ocurrió en Santiago. Qué país.
El contraste entre la información científica y la desinformación es
la razón por la cual algunos ingenieros santiagueros no quieren que se
hable de la vulnerabilidad de las edificaciones levantadas sobre suelos
flexibles, porque si ningún geólogo reconocido lo dice por adelantado,
el día que venga el sismo, y se caiga casi todo, ellos pueden decir que
fue un terremoto muy grande, y que en los países desarrollados los
terremotos grandes también destruyen todo.
Este es el país de la desinformación, donde siempre se juega a la
ignorancia de una parte importante de la población, donde se juega al
analfabetismo de casi un 20% de la población, donde el 88% de las
escuelas públicas y privadas no alcanza el 70% de aprobación, donde se
juega a que el gobierno y los ingenieros constructores siempre tienen la
razón, y donde se juega a que si algún académico entendido en
geociencias intenta orientar correctamente a la población está
cometiendo un grave pecado y merece la excomunión. Ese es nuestro país.
Algún día el pueblo se sacudirá y ese será el día en que nuestra tierra verdaderamente temblará.
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